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La Coctelera

LA DESAPARICIÓN DE LAS ABEJAS: UNA PETICIÓN

Bien, aquí estamos para dar gusto. Y como prueba, en este artículo sacaremos a la luz las verdaderas razones de la inquietante desaparición de las abejas, a petición de GÁRGOLA.

Aunque algunos precedentes ya habían aparecido con anterioridad, la alarma mundial alcanzó el nivel de estruendo apocalíptico hace aproximadamente un año. Titulares de periódicos, cabeceras de informativos y exhaustivos reportajes de prestigiosas revistas alertaban de la desaparición de las abejas: las colmenas de todo el mundo se quedaban vacías. Se trata del temible Trastorno del Colapso de las Colonias (Colony Collapse Disorder, CCD).

El Congreso de Estados Unidos debatió una solución al problema, destinando fondos al estudio del mismo. En Alemania, sus investigadores mostraron una enorme preocupación por el asunto y rápidamente se pusieron manos a la obra, como más adelante veremos. Portugal, Italia, Suiza y Grecia anunciaron la misma preocupación y similares medidas. La Agencia de Medio Ambiente británica desmintió oficialmente la existencia de dicho problema pero un afamado apicultor del sur de Inglaterra, S. H., (aún hoy prefiere mantenerse en un discreto segundo plano ante lo contundente de su aseveración) comentó:

«He detectado pérdidas notables [1]; es elemental el riesgo para las cosechas».

Por su parte en España, el país europeo con mayor población apícola, se indica que los primeros síntomas empezaron a notarlos en el 2000, alcanzando en el año 2006 unas pérdidas de alrededor del 40%.

No se trata de un problema menor, pues la importancia de las abejas en la vida diaria de la humanidad es crítica: producción de miel y jalea real, polinización de frutales, frutos secos, girasoles, ...[2] El diario The Independent atribuye a Einstein la frase: “Cuando las abejas hayan desaparecido, al hombre le quedará sólo cuatro años de vida” [3].

Con tal deslocalización geográfica (en un mundo globalizado, los problemas tienden a ser globales) y teniendo en cuenta la magnitud del problema, es lógico la aparición de múltiples y peregrinas conjeturas acerca de las causas del CCD. Por señalar algunas:

-El uso de pesticidas podría provocar alteraciones neurológicas en las abejas, que afectasen a su sentido de la orientación y les impidiese encontrar el camino de vuelta a la colmena.

-Situación de estrés muy elevada, debido a la sequía, que dificultaría la obtención de alimento para las abejas.

-El cambio climático, por supuesto, que estaría vinculado con el anterior: altas temperaturas, pérdida de masa vegetal, degradación del entorno, no simultaneidad entre los tiempos de polinización de las abejas y disponibilidad de flores que polinizar…

-El teléfono móvil; abunda Jochen Kuhn, de la Universidad de Landau, en la idea de que las abejas no vuelven a la colmena por la desorientación que sufren al recibir las radiaciones electromagnéticas de los móviles que se encuentran funcionando en las cercanías.

Parece que una de las teorías más plausibles llega desde el Centro Apícola Regional de Guadalajara, de la mano de Mariano Higes [4]. Este investigador asegura que el asesino más probable del insecto en todo el mundo es el hongo Nosema (Nosema ceranae), llegado desde Asia. Este hongo muestra una elevada resistencia a condiciones más o menos frías, con mayor o menor humedad y de ahí su amplio espectro geográfico. La principal actividad nociva del Nosema se debe a sus esporas autoinfecciosas que invaden rápidamente los tejidos digestivos de la abeja, así como ciertos problemas derivados de un aparente envejecimiento de los individuos infectados. Una explicación simple para un problema complejo, que justifica la muerte de la abeja en apenas setenta y dos horas.

Sin embargo, tanta simpleza esconde todavía incógnitas que no podemos pasar por alto. Así, Mary Berenbaum, reputada entomóloga de la Universidad de Illinois, ya apuntó al principio de la crisis:

«Nunca ha sucedido un colapso de una escala similar. Las abejas han muerto en ocasiones anteriores, pero siempre han dejado sus cuerpos detrás. Ahora no encontramos los cuerpos, y ésa es gran parte del misterio».

Y es precisamente aquí donde más debemos poner nuestra atención; ¿acaso el cambio climático, un teléfono móvil o los pesticidas pueden provocar la desaparición de las difuntas abejas? ¿Puede el Nosema no sólo matar a estas incansables obreras sino también, convertirse en un exquisito ladrón de cadáveres? La respuesta nos debe parecer evidente: no.

Las teorías aportadas intentan desviar la atención sobre lo más importante del asunto. No se trata de que las abejas mueran, sino que no aparecen sus cuerpos muertos. Estamos ahora en condiciones de aportar luz a este complejo enigma.

Hace un par de años, se difundió la noticia de que científicos norteamericanos del Laboratorio Nacional de Los Álamos, Nuevo México, habían conseguido entrenar a avispas y abejas en la localización de explosivos: el insecto sacaba el probóscide (así se llama el tupo por el que succionan el polen) cuando detectaba sustancias explosivas tales como dinamita y C-4 [5].

Ahora está todo claro. La compleja organización social de las abejas ha variado desde un sistema autoritario y feudal (Antiguo Régimen) en el que las laboriosas abejas obreras trabajaban para una reina y sus zánganos a cambio tan sólo del sustento, a este nuevo sistema, suponemos que democrático y participativo, en el que los obreros son realmente funcionarios del Estado en la compleja tarea de mantener la seguridad de las respectivas naciones.

Las abejas por tanto ni han muerto, ni han desaparecido, simplemente han cambiado de trabajo.

[1] De población de abejas, se entiende.

[2] El Servicio de Investigación Agrícola (ARS) de Estados Unidos cifra en 130 la variedad de cultivos polinizados por abejas.

[3] La autoría de esta frase parece estar en entredicho en tanto el Archivo Oficial de Einstein (Jerusalén) desmiente que fuera pronunciada por el citado. En cualquier caso, y sin que tenga mucho que ver con el tema en cuestión, también se atribuye a Einstein la frase: “Dios no juega a los dados”, y a este respecto habría que hacer muchas matizaciones.

[4] Ver: http://www.elpais.com/articulo/reportajes/asesino/abejas/llama/Nosema/elpepusocdmg/20070909elpdmgrep_5/Tes

[5] Ante tal resultado, cabría preguntarse si dicha habilidad podría ser ampliada también en el manejo y colocación de explosivos, lo que permitiría obtener al más eficaz y letal comando sobre la faz de la Tierra. Probablemente su lema sería algo así como: “Picar y estallar”.

EL DAGUERROTIPO

Un tipo llamado Louis Daguerre inventó en 1839 una curiosa máquina a la que alguien (posiblemente el propio inventor) vino a llamar daguerrotipo. Se trataba en realidad del primer antecedente de las actuales cámaras fotográficas. Gracias al daguerrotipo, se disponen hoy en día de imágenes de la Guerra de Crimen (1854-1856) y de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos (1861-1865). Aunque para el caso que estamos tratando Daguerre nos importa más bien poco, es también digno de mención como el inventor del diorama.

Por la misma época, al otro lado del Atlántico, un tal William Abbott Pratt (1819-1879), americano, estableció la “Virginia Skylight Daguerreian Gallery at the Sign of the Gothic Window” en Richmond, en 1844 (o tal vez 1846; es un matiz sin demasiado interés). Pratt obtuvo la licencia para la coloración de daguerrotipos en 1846.

Muchos años después, en 2006, la casa Sotheby’s de New York, sacó a subasta el lote número 37. Se trataba de un daguerrotipo realizado por Pratt a mediados de septiembre del año 1849, a una persona que moriría apenas tres semanas después en el cercano Baltimore.

Parece ser que se fue un encuentro casual. Pratt se encontraba aquella mañana de septiembre en el vestíbulo de su estudio, pasando el tiempo a la espera de que apareciera algún cliente. Por eso, cuando lo vio pasar y empezaron a hablar, seguramente pensó que era una buena oportunidad de obtener un daguerrotipo de una celebridad ciudadana, que como tal era considerada en aquel momento. De hecho, con anterioridad, ya habían tratado acerca de la posibilidad de conseguir un posado:

-¡Vamos arriba ahora!- dijo Pratt, refiriéndose al estudio de daguerrotipista.

-¿Por qué? No voy vestido para la ocasión.

-Eso no importa, te lo tomaré tal y como estás ahora mismo.

Y finalmente, Pratt consiguió la imagen que deseaba, obteniendo de ese modo dos imágenes que serían conocidas en adelante como los daguerrotipos "Thompson” y “Traylor”.

Thomas Dimmock, periodista, descubrió en las navidades de 1854-55 la imagen de uno de aquellos daguerrotipos en el escaparate de la galeria de Pratt. Dimmock consiguió que Pratt le proporcionara una copia del daguerrotipo “Thompson”, que a su vez donó a The Players (New York) en 1895, y finalmente fue incorporada a “The Hampden-Booth Theatre Library” en 1963.

Dicha copia fue la que, años después, saldría a subasta identificada como el lote número 37 y adquirida por una coleccionista de material sobre E. A. Poe por la nada despreciable cifra de 150000 $. Resulta que al final, aquella mañana de septiembre de 1849, Pratt consiguió las dos últimas imágenes de Poe en vida. Digamos, que el daguerrotipo, aunque hoy en día poco utilizado, constituyó un descubrimiento tecnológico de primera magnitud. Y nada más que a pruebas como la aquí indicada podemos remitirnos.

Podemos encontrar más sobre esta curiosa historia en http://www.thepoearchive.0catch.com/notes.html

<strong>&lt;small&gt;El daguerrotipo en cuestión.&lt;/small&gt;</strong>

DISCULPAS

Los responsables de este blog, ante las numerosas quejas, peticiones y ruegos, se ven en la necesidad de disculparse por la demora en la publicación de nuevas, atractivas e impactantes historias y noticias. Próximamamente, aparecerán actualizaciones que justificarán la tardanza y compensarán la espera.
Muchas gracias.

EL TÍO DE JAVIER MARÍAS

Javíer Marias acaba de publicar el último libro de su trilogía "Tu rostro mañana", titulado "Veneno y sombra y adiós". Como se puede ver muy en la línea de todo su trabajo literario: obtuso, sonoro, pedante...
Algo he leído de este escritor, y más que debería leer, sabiendo que domina y admira mucha de la mejor literatura en lengua inglesa: Stevenson, Doyle, Durrel, Poe, Dunsany...
Tal vez a raíz de esto y de sus indudables contactos con editores y críticos de cierto nivel (a mí, por lo menos, en mi absoluta ignorancia y desde el punto de visto de la exclusiva opinión personal, no me cabe la menor duda de ello), le ha sido dedicado un extenso artículo-entrevista en el periódico económico Financial Times, que puede ser consultado en http://www.ft.com/cms/s/0/f3a1179e-8371-11dc-b042-0000779fd2ac.html?nclick_check=1.
Pero fuera de su calidad literaria, en ese artículo resulta de mucho más interés el comentario que acerca de su tío materno se destaca. Este laureado escritor tiene como nombre completo, Javier Marías Franco. Y su tío es el inigualable Jesús Franco (¡suenen las trompetas! ¡retumben los tambores!...).
De Jesús Franco no debemos olvidar sus películas "Necronomicón", "Vampyros Lesbos", "Drácula contra Frankenstein", "Falo Crest"...
Ya sabemos ahora, de donde le viene a Javier Marías lo que de extraordinario pueda tener su obra.

DE LOS PARALELISMOS VISIBLES ENTRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y EL MILENARISMO

Enlazando con el último escrito acerca del cambio climático y sus posibles nefastas consecuencias para el ser humano y toda forma de vida conocida (lo que vulgarmente conocemos como “todo bicho viviente”), aparece la teoría del Milenarismo, que desde los primeros tiempos del cristianismo intentó dar un argumento religioso a todos los catastrofistas que desde siempre han existido: ahora se dice que está teniendo lugar un importante cambio climático, como antiguamente se decía que la llegada del milenarismo era inminente (1).
En esencia, el milenarismo aboga por una segunda venida de Jesús, que reinará en La Tierra durante mil años, tras los cuales el mal, en todas sus formas, será derrotado y tendrá lugar el Juicio Final. Después de esto, los buenos al cielo y los malos al infierno. Hay alguna interpretación o versión, más o menos libre del mismo fenómeno, pero los puntos coincidentes de venida, reino de los mil años de bondad y justicia final, se repiten. Las bases de esta teoría se encuentran, claro está, en una de tantas interpretaciones dadas a la Biblia, en concreto al pasaje del Apocalipsis 20,1-5.
A lo largo de la Historia han aparecido muchos profetas y movimientos, siendo tal vez el más importante el que sucedió en torno al año 1000, durante la Edad Media, cuando el temor al fin del mundo y al Juicio Universal condujo a algunas personas a auténticas y patéticas situaciones de desesperación vital.
Actualmente, el milenarismo tiene grandes defensores entre algunas iglesias evangélicas fundamentalistas. Sin ánimo de frivolizar, como simple apunte, han sido también notorios los movimientos milenaristas surgidos como consecuencia del final de la vida útil de la estación espacial rusa MIR, tras su ciclo geoestacionario.
Resulta cuanto menos curioso, que las discusiones milenaristas hayan sido sustituidas actualmente por aquellas referidas al cambio climático, cuando éstas últimas no son sino una pequeña parte de las primeras, como a todos nos debe parecer evidente tras lo aquí expuesto.
Los paralelismos saltan a la vista, y así, en cualquier reunión social que se precie, alguien hablará forzosamente del cambio climático (en lugar del milenarismo), tras lo cual otro de los participantes en tal reunión (2), debería exigir que le dejasen hablar, asegurando insistentemente que “el cambio climático va a llegar”.
Los milenaristas, que mostraban antaño una clara ascendencia filosófica judía, tienen hoy día su parangón en los ecologistas, de los que siempre se reconocerá que constituyen una minoría bulliciosa, atea, fea y sensiblera (3).
Los excesos milenaristas eran justificados ocasionalmente por supuestos éxtasis religiosos, con sospechosas correlaciones con estados similares a los provocados por derivados de absenta, belladona e incluso una copa de chinchón. Es de suponer, que los ecologistas justificarán sus excesos en términos similares.

(1) Algunos autores siguen sosteniendo esta teoría hoy día, aunque levemente retocada por efectos de la publicidad, más tétrica, y cuyo eslogan más reconocido es: “El milenarismo va a llegaaaaar...”
(2) Es conveniente en este punto que dicho participante haya alcanzado cierto grado de embriaguez, sin importar si corre riesgo de derribar mesas, sillas o cámaras.
(3) Indispensable resulta la consulta a: http://revistes.upc.es/wiki/Mileniarismo; http://www.youtube.com/watch?v=xVMSrqtsAow ; http://www.youtube.com/watch?v=vHK5ccriiZQ y http://www.youtube.com/watch?v=Qvbj1VJjiz4

LA RESPONSABILIDAD DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Parece que todo, por fin, se va aclarando. No es, efectivamente, un tema baladí. El conjunto de implicaciones y consecuencias que se derivarán en un futuro próximo de los resultados de las investigaciones que ahora se llevan a cabo tendrán una honda repercusión y calado social, económico, … tal vez incluso religioso.
Si como parece, la actual sociedad humana se ha empecinado en su autodestrucción, no es descabellado pensar en una nueva sociedad futura condicionada por un clima adverso, con zonas inundadas, poblaciones hacinadas, escasez de terrenos adecuados para el cultivo y el desarrollo de vegetación, elevadas temperaturas medias… Al panorama apocalíptico que se nos presenta se le pueden añadir todos los ingredientes relacionados con “el pasarlo mal” que queramos, pero lo que parece indudable es que el momento llegará.
O no.
¿Y si realmente no existe el cambio climático que nos están metiendo por los ojos? ¿Y si todos los “cambios” que ahora (¿ahora?) se están observando no forman sino parte de un proceso cíclico que se viene repitiendo desde hace miles de años? ¿Y si todo esto no trata nada más que de un nuevo advenimiento, una nueva religión de la que los científicos del cambio no son sino simples profetas?
Uno de los argumentos que los científicos pro-cambio climático y pro-calentamiento global (en adelante, para abreviar, científicos verdes) barajan para justificar sus ideas vienen de correlacionar los niveles de dióxido de carbono atmosférico, CO2, antes y después del comienzo de la revolución industrial (alrededor del siglo XIX). Según éste, el aumento de CO2 de origen antropogénico (industria, automoción, climatización, …) se traduciría en un incremento de la temperatura media global del planeta, y por tanto contribuiría al cambio climático.
Callendar y otros científicos verdes, han elaborado varios estudios e informes que apuntan en esta dirección. Así, se acepta como válida la afirmación de que los niveles de CO2 atmosférico eran de unas 270 partes por millón (ppm) antes del período industrial, y que actualmente es de alrededor de 374 ppm. El incremento es significativo, incluso alarmante, y sirve como prueba a favor del cambio climático.
Jaworowski, en otro informe, acusa a los anteriores de sesgar la información recogida (“Cambio Climático: Información Incorrecta en el CO2 Preindustrial”) y afirma que el valor promedio de CO2 preindustrial es de 328 ppm, con lo que el alarmismo debe ser considerado menor. Los argumentos de Jaworowski son realmente indiscutibles a la vista de todos los datos que aporta.
Monnin e Indermühle por su parte, sugieren y llegan a demostrar que la actividad del ser humano no es la responsable del incremento de los niveles de CO2 en la atmósfera, y por tanto del calentamiento global, sino todo lo contrario, es decir, que ha sido el incremento de la temperatura del planeta (de acuerdo con los ciclos naturales) la responsable del incremento del nivel de CO2, quedando de esta manera exculpada la actividad humana de tan grave acusación. Sería interesante conocer las fuentes de financiación de estos estudios.
Con posturas tan dispares resulta difícil llegar a establecer una conclusión final que inspire cierta confianza. El problema que parece derivarse de esta controversia es lo que se conoce como “falacia lógica”, y proviene del argumentario deductivo pseudo-científico: gran parte de la ciencia se basa relaciones del tipo causa-efecto, es decir, establecida de forma incuestionable la causa (o causas) de un fenómeno o efecto, debe suceder siempre que aparecida de nuevo esa causa, necesariamente tenga lugar el mismo efecto. Parece bastante evidente que debe ser muy complicado conocer todas las causas que derivan en un efecto, y por tanto, podremos entender ahora mejor la desinformación de la que, tanto por un lado, el de los científicos verdes, como por el otro, somos objeto.
Somos víctimas de la incorrecta aplicación de un principio lógico válido o incluso, tal vez, inexistente. De esto trata la falacia lógica. Desde el punto de vista lógico, las afirmaciones siguientes son igualmente erróneas:

a) la actividad humana genera CO2;
el CO2 provoca el incremento de la temperatura del planeta.
Luego, el hombre es el responsable del calentamiento global, y por extensión del cambio climático global.

b) ha subido de forma natural la temperatura media;
el incremento de temperatura provoca la subida de los niveles de CO2.
Luego, los ciclos naturales de subida y bajada de temperaturas son los responsables del calentamiento global, por lo que el hombre puede continuar con su actividad actual sin remordimientos.

Podemos encontrar multitud de ejemplos de falacia lógica en los más diversos campos; no solo los científicos interesados en destacar una tendencia recurren a ella. Ejemplo de cierta significación lo encontramos entre los creacionistas o defensores de la teoría del diseño inteligente (diametralmente opuestos a los evolucionistas o darwinistas); en este caso, el fundamentalismo cristiano hace uso del correlacionismo que implica causa en su propio provecho: los niños de Kansas y otros estados estadounidenses son víctimas de esta forma sectaria de pensamiento.
Evidentemente, la relación entre los fenómenos climáticos actuales y el creacionismo establecida a través del nexo que proporciona la falacia lógica no ha sido gratuita, aunque pueda parecer traída por los pelos. Un iluminado, Robert Henderson, no conforme con las ideas del creacionismo, desarrolló toda una teoría de la evolución, a la que dio en llamar Pastafarismo. Dentro de su ideología queda “incontestablemente” establecido que el cambio climático, los terremotos, los huracanes y otras catástrofes naturales son la consecuencia de la desaparición de piratas del caribe que ha venido sucediendo desde el año 1800. Como prueba irrefutable de tal afirmación, aporta este impagable gráfico (ver también: http://www.venganza.org/about/open-letter/):

ARGUMENTOS REALES

No es el único caso, ni muchísimo menos. Los casos se multiplican a lo largo de la historia, con más o menos éxito; alcanzando gran repercusión unos, casi desapercibido otros. Pero lo cierto es que existen.
Como nos cuesta poco trabajo, y al fin y al cabo de eso se trata, pasemos un rato repasando alguno de estos casos:

- Pickman, el extraordinario pintor maldito de Boston desaparecido en aún más extraordinarias circunstancias. Causaron en su época gran revuelo y honda turbación sus aberrantes obras, las pocas que pudieron verse. Muchas eran las personas que admiraban profundamente su arte; pensaban que no sólo eran fruto de un extraordinario talento, sino que iba mucho más allá de la simple percepción de lo natural. Realmente pocos, muy pocos entonces podían suponer cuan cerca de la realidad estaba su suposición. El arte de Pickman, como después contó Thurber, traspasaba las fronteras de la realidad, reclamando el uso (¿o tal vez fuera abuso?) de entes sobrenaturales para los que ni tan siquiera la simple observación nos está permitida.
- Uno de mis favoritos y, tal vez, de los menos tomados en consideración: Arne Saknussem. La tradición humanista-científica lo considera uno de tantos iluminados alquimistas del siglo XVI, afín a lo que se ha dado en llamar “magia natural”. Pero dejando de lado los estereotipos, lo cierto es que nos encontramos ante una figura fascinante del pensamiento de su época. Se ha apuntado en numerosas ocasiones la ingente obra escrita que dejó (según algunas informaciones se encuentra custodiada entre la documentación legada por Felipe II), destacando principalmente las informaciones acerca del medio natural que le rodeaba: exploración de grutas y cavernas, estudios gemológicos y petrológicos, sistematización de características geológicas,... Resulta indudable la influencia que Saknussem (¿o no es su nombre real, como sugieren ciertos eruditos?) ejerció en futuros trabajos; de obligada mención resulta ser Steno, quien un siglo más tarde enunciaría las bases del principio de superposición de los estratos. Pero si por algo pasará a la historia Saknussem es sin lugar a dudas, por el documento que de su autoría encontró el Prof. Lidenbrock, con las pistas para poder alcanzar el centro del globo terráqueo, entrando por el Sneffels y saliendo, de forma un tanto precipitada por el Stromboli. A nadie se le debe escapar que no sería esa la salida utilizada por Saknussem en su primitivo viaje al centro de la Tierra, y que por tanto, los exploradores encabezados por Lidenbrock en 1863 interpretaron erróneamente parte de la información encontrada.
- Otro caso curioso, aunque con ciertos matices que lo alejan de los dos anteriores y del que da base a este comentario. Se trata del extraño caso de Marie Rogêt, la bella perfumista de la galería del Palais Royal, cuyo cadáver fue encontrado en las aguas del Sena cuatro días después de haber desaparecido, el 22 de junio de 18… La brutal violencia que su cuerpo exhibía (síntomas de estrangulamiento, golpes, sangre coagulada en el rostro,…), fue motivo de macabros comentarios en los periódicos del momento, públicas discusiones y escasamente rigurosas hipótesis. La resolución del caso llevada a cabo por el chevalier C. Auguste Dupin contribuyó a afianzar su fama como una de las mentes analíticas y deductivas más poderosas del momento, llevando al mismo tiempo el campo de la investigación criminal a las más altas cotas científicas.

Estos tres casos nos sirven para argumentar el asunto que nos ocupa ahora. Se trata de la pérdida de identidad propia de sucesos reales que sucede cuando estos son tomados como una simple ficción, por el hecho de quedar escritos y publicados bajo el nombre de un autor. En efecto, estos casos recogidos y convenientemente novelados por H. P. Lovecraft, Jules Verne y E. A. Poe (éste con peculiaridades, como ya hemos adelantado) respectivamente, han pasado a la posteridad como meras ficciones. No lo son.
Los casos de Pickman, Saknussem y Marie Rogêt fueron reales, recogidos en su momento, pero después injustamente considerados como personajes de escritores faltos de imaginación que tuvieron que utilizar la realidad para aportar novedad a sus obras literarias.
Y como ya se ha dicho, ahora sí, el mismo caso se vuelve a repitir. Se trata ahora de Kristian Bala, un escritor polaco que publicó en 2004 la novela “Cólera” (“Amoku”, en el original). Trataba ésta del brutal asesinato del amante de la mujer del protagonista de la novela a manos de este mismo. La particularidad de este caso, no sólo está en que se trata de un caso real, sino que además, el escritor, Kristian Bala es quien resulta ser el asesino del amante de su mujer sucedido en el año 2000. Difícilmente el argumento de la novela podría contener más detalles, que sin duda habrán servido de enorme utilidad a la policía en las investigaciones llevadas a cabo
Cabe preguntarse si conseguirá K. Bala la notoriedad lograda por otros, tales como los que se han indicado aquí, tras utilizar lo que realmente fue un caso real como argumento de una novela, y lograr finalmente que sea tomado como una ficción. De momento, deberá esperar veinticinco años en la cárcel para ver si lo consigue.

UN LAGO SECUESTRADO POR ALIENÍGENAS

Un lago, el lago Témpanos, desapareció un día. La primera vez que alguien constató la desaparición del lago Témpanos fue el día 27 de mayo, y con certeza se sabe que el lago estaba todavía en su lugar en marzo-abril. Casi nada: unos diez kilómetros cuadrados de agua que de repente no están donde solían estar, quedando en su lugar un lecho seco de unos treinta metros de profundidad, con témpanos de hielo (supongo que sería por lo del nombre del lago, pues de otro modo habrían aparecido líquenes y se llamaría entonces lago Líquenes).
“No digo que se dé todos los días, pero no es tan inusual”, afirmó entonces el glaciólogo Andrés Rivera, del Centro de Estudios Científicos en Valdivia.
El lago Témpanos se encuentra situado a unos dos mil kilómetros al sur de Santiago de Chile. Y digo “se encuentra”, y no es ningún error, puesto que el lunes día 2 de julio, el lago volvía a aparecer, o mejor, comenzaba a llenarse nuevamente.
Parece ser que al glaciólogo Andrés Rivera le faltó poco para decir: “¡Mira que os lo advertí…!”. Y es que efectivamente resulta que no es algo tan extraño en cierto tipo de lagos, concretamente en el tipo de lagos que aparecen y desaparecen (ver tipos de lagos: tectónicos, de barrera, glaciares, de cráter, …)
Las razones esgrimidas para este comportamiento son, cuanto menos, algo peregrinas: la inestabilidad sísmica de la zona; un río que le servía de alimentación y que no se encontraba en su mejor momento; fenómenos locales de deshielo o no tan locales como aquellos que se relacionan con el ahora omnipresente cambio climático. Una de las últimas posibilidades apunta a una grieta en una de las paredes de hielo del lago por la que fluyó agua hasta que volvió a cerrarse y quedar nuevamente confinada.
En fin, una vez más la ciencia acude rauda y veloz a la caza y captura de cualquier rasgo extraño, inusual o fantástico que pudiera surgir en nuestra realidad cotidiana, proporcionándonos una explicación a fenómenos cuya comprensión tal vez mereciera quedar difuminada por el dulce encanto del misterio.
No es una defensa de la ignorancia, sino una aclamación a lo extraordinario.
Yo, por mi parte, prefiero pensar en una nave extraterrestre que utilizó esa agua como combustible en su viaje interestelar, claro está, tras el necesario proceso de hidrólisis para la obtención de hidrógeno. Sigo pensando en cuál sería la razón de que volviera a aparecer, no me queda claro. Mientras, disfruto con las fotografías del antes y el después.