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La Coctelera

Cuaderno de bocetos de Maple White

Un blog veraz sobre criptozoología, noticias desconcertantes e historiografía oculta. Todos los misterios actuales al descubierto, por los más escépticos herederos de Charles Fort: Juan Carlos Pérez Flores y Alberto López Aroca.

28 Septiembre 2007

LA RESPONSABILIDAD DEL CAMBIO CLIMÁTICO

Parece que todo, por fin, se va aclarando. No es, efectivamente, un tema baladí. El conjunto de implicaciones y consecuencias que se derivarán en un futuro próximo de los resultados de las investigaciones que ahora se llevan a cabo tendrán una honda repercusión y calado social, económico, … tal vez incluso religioso.
Si como parece, la actual sociedad humana se ha empecinado en su autodestrucción, no es descabellado pensar en una nueva sociedad futura condicionada por un clima adverso, con zonas inundadas, poblaciones hacinadas, escasez de terrenos adecuados para el cultivo y el desarrollo de vegetación, elevadas temperaturas medias… Al panorama apocalíptico que se nos presenta se le pueden añadir todos los ingredientes relacionados con “el pasarlo mal” que queramos, pero lo que parece indudable es que el momento llegará.
O no.
¿Y si realmente no existe el cambio climático que nos están metiendo por los ojos? ¿Y si todos los “cambios” que ahora (¿ahora?) se están observando no forman sino parte de un proceso cíclico que se viene repitiendo desde hace miles de años? ¿Y si todo esto no trata nada más que de un nuevo advenimiento, una nueva religión de la que los científicos del cambio no son sino simples profetas?
Uno de los argumentos que los científicos pro-cambio climático y pro-calentamiento global (en adelante, para abreviar, científicos verdes) barajan para justificar sus ideas vienen de correlacionar los niveles de dióxido de carbono atmosférico, CO2, antes y después del comienzo de la revolución industrial (alrededor del siglo XIX). Según éste, el aumento de CO2 de origen antropogénico (industria, automoción, climatización, …) se traduciría en un incremento de la temperatura media global del planeta, y por tanto contribuiría al cambio climático.
Callendar y otros científicos verdes, han elaborado varios estudios e informes que apuntan en esta dirección. Así, se acepta como válida la afirmación de que los niveles de CO2 atmosférico eran de unas 270 partes por millón (ppm) antes del período industrial, y que actualmente es de alrededor de 374 ppm. El incremento es significativo, incluso alarmante, y sirve como prueba a favor del cambio climático.
Jaworowski, en otro informe, acusa a los anteriores de sesgar la información recogida (“Cambio Climático: Información Incorrecta en el CO2 Preindustrial”) y afirma que el valor promedio de CO2 preindustrial es de 328 ppm, con lo que el alarmismo debe ser considerado menor. Los argumentos de Jaworowski son realmente indiscutibles a la vista de todos los datos que aporta.
Monnin e Indermühle por su parte, sugieren y llegan a demostrar que la actividad del ser humano no es la responsable del incremento de los niveles de CO2 en la atmósfera, y por tanto del calentamiento global, sino todo lo contrario, es decir, que ha sido el incremento de la temperatura del planeta (de acuerdo con los ciclos naturales) la responsable del incremento del nivel de CO2, quedando de esta manera exculpada la actividad humana de tan grave acusación. Sería interesante conocer las fuentes de financiación de estos estudios.
Con posturas tan dispares resulta difícil llegar a establecer una conclusión final que inspire cierta confianza. El problema que parece derivarse de esta controversia es lo que se conoce como “falacia lógica”, y proviene del argumentario deductivo pseudo-científico: gran parte de la ciencia se basa relaciones del tipo causa-efecto, es decir, establecida de forma incuestionable la causa (o causas) de un fenómeno o efecto, debe suceder siempre que aparecida de nuevo esa causa, necesariamente tenga lugar el mismo efecto. Parece bastante evidente que debe ser muy complicado conocer todas las causas que derivan en un efecto, y por tanto, podremos entender ahora mejor la desinformación de la que, tanto por un lado, el de los científicos verdes, como por el otro, somos objeto.
Somos víctimas de la incorrecta aplicación de un principio lógico válido o incluso, tal vez, inexistente. De esto trata la falacia lógica. Desde el punto de vista lógico, las afirmaciones siguientes son igualmente erróneas:

a) la actividad humana genera CO2;
el CO2 provoca el incremento de la temperatura del planeta.
Luego, el hombre es el responsable del calentamiento global, y por extensión del cambio climático global.

b) ha subido de forma natural la temperatura media;
el incremento de temperatura provoca la subida de los niveles de CO2.
Luego, los ciclos naturales de subida y bajada de temperaturas son los responsables del calentamiento global, por lo que el hombre puede continuar con su actividad actual sin remordimientos.

Podemos encontrar multitud de ejemplos de falacia lógica en los más diversos campos; no solo los científicos interesados en destacar una tendencia recurren a ella. Ejemplo de cierta significación lo encontramos entre los creacionistas o defensores de la teoría del diseño inteligente (diametralmente opuestos a los evolucionistas o darwinistas); en este caso, el fundamentalismo cristiano hace uso del correlacionismo que implica causa en su propio provecho: los niños de Kansas y otros estados estadounidenses son víctimas de esta forma sectaria de pensamiento.
Evidentemente, la relación entre los fenómenos climáticos actuales y el creacionismo establecida a través del nexo que proporciona la falacia lógica no ha sido gratuita, aunque pueda parecer traída por los pelos. Un iluminado, Robert Henderson, no conforme con las ideas del creacionismo, desarrolló toda una teoría de la evolución, a la que dio en llamar Pastafarismo. Dentro de su ideología queda “incontestablemente” establecido que el cambio climático, los terremotos, los huracanes y otras catástrofes naturales son la consecuencia de la desaparición de piratas del caribe que ha venido sucediendo desde el año 1800. Como prueba irrefutable de tal afirmación, aporta este impagable gráfico (ver también: http://www.venganza.org/about/open-letter/):

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