Enlazando con el último escrito acerca del cambio climático y sus posibles nefastas consecuencias para el ser humano y toda forma de vida conocida (lo que vulgarmente conocemos como “todo bicho viviente”), aparece la teoría del Milenarismo, que desde los primeros tiempos del cristianismo intentó dar un argumento religioso a todos los catastrofistas que desde siempre han existido: ahora se dice que está teniendo lugar un importante cambio climático, como antiguamente se decía que la llegada del milenarismo era inminente (1).
En esencia, el milenarismo aboga por una segunda venida de Jesús, que reinará en La Tierra durante mil años, tras los cuales el mal, en todas sus formas, será derrotado y tendrá lugar el Juicio Final. Después de esto, los buenos al cielo y los malos al infierno. Hay alguna interpretación o versión, más o menos libre del mismo fenómeno, pero los puntos coincidentes de venida, reino de los mil años de bondad y justicia final, se repiten. Las bases de esta teoría se encuentran, claro está, en una de tantas interpretaciones dadas a la Biblia, en concreto al pasaje del Apocalipsis 20,1-5.
A lo largo de la Historia han aparecido muchos profetas y movimientos, siendo tal vez el más importante el que sucedió en torno al año 1000, durante la Edad Media, cuando el temor al fin del mundo y al Juicio Universal condujo a algunas personas a auténticas y patéticas situaciones de desesperación vital.
Actualmente, el milenarismo tiene grandes defensores entre algunas iglesias evangélicas fundamentalistas. Sin ánimo de frivolizar, como simple apunte, han sido también notorios los movimientos milenaristas surgidos como consecuencia del final de la vida útil de la estación espacial rusa MIR, tras su ciclo geoestacionario.
Resulta cuanto menos curioso, que las discusiones milenaristas hayan sido sustituidas actualmente por aquellas referidas al cambio climático, cuando éstas últimas no son sino una pequeña parte de las primeras, como a todos nos debe parecer evidente tras lo aquí expuesto.
Los paralelismos saltan a la vista, y así, en cualquier reunión social que se precie, alguien hablará forzosamente del cambio climático (en lugar del milenarismo), tras lo cual otro de los participantes en tal reunión (2), debería exigir que le dejasen hablar, asegurando insistentemente que “el cambio climático va a llegar”.
Los milenaristas, que mostraban antaño una clara ascendencia filosófica judía, tienen hoy día su parangón en los ecologistas, de los que siempre se reconocerá que constituyen una minoría bulliciosa, atea, fea y sensiblera (3).
Los excesos milenaristas eran justificados ocasionalmente por supuestos éxtasis religiosos, con sospechosas correlaciones con estados similares a los provocados por derivados de absenta, belladona e incluso una copa de chinchón. Es de suponer, que los ecologistas justificarán sus excesos en términos similares.
(1) Algunos autores siguen sosteniendo esta teoría hoy día, aunque levemente retocada por efectos de la publicidad, más tétrica, y cuyo eslogan más reconocido es: “El milenarismo va a llegaaaaar...”
(2) Es conveniente en este punto que dicho participante haya alcanzado cierto grado de embriaguez, sin importar si corre riesgo de derribar mesas, sillas o cámaras.
(3) Indispensable resulta la consulta a: http://revistes.upc.es/wiki/Mileniarismo; http://www.youtube.com/watch?v=xVMSrqtsAow ; http://www.youtube.com/watch?v=vHK5ccriiZQ y http://www.youtube.com/watch?v=Qvbj1VJjiz4


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados